Artículo publicado en Rebelion.org
Autoría de Marcelo Colussi.
Desde hace ya algunos años se ha establecido como parte del discurso “políticamente correcto” en todo el mundo hablar de la lucha contra la pobreza. Se presenta la iniciativa como algo loable, digno, altamente meritorio, con lo cual nadie podría estar en desacuerdo. Los más diversos sectores, desde gobiernos de derecha hasta el Vaticano, desde la Madre Teresa de Calcuta hasta los magnates de los listados de la revista Forbes, todos coinciden en que la pobreza es algo contra lo cual debe actuarse. Incluso el Banco Mundial, organismo que ha dado más que suficientes pruebas de servir sólo a los intereses de los grandes capitales del Norte en detrimento de las mayoritarias masas pauperizadas del Sur, levanta airado su voz contra este flagelo, y desde el año 2002 basa sus estrategias de asistencia a los países más necesitados en sus “Documentos de estrategia de lucha contra la pobreza”.
Podríamos estar tentados de creer que todo esto es cierto, que efectivamente hay, desde los poderes que rigen la marcha de la humanidad, una marcada preocupación por terminar con esta lacra de la pobreza. Pero: o bien la cuestión no está correctamente planteada, o bien no hay ningún interés real en cambiar nada. O peor aún (y esto pareciera lo más cercano a la verdad): la estructura misma del sistema social no permite en realidad esa lucha, porque es desde el inicio una lucha perdida.

