¡Aleluya!
Nos montamos en el metro del progreso.
¡Aleluya!
Sólo Dios sabe todo lo que ha costado.
¡Aleluya!
gritan a falta de argumentos de peso
¡Aleluya!
que justifiquen cada peso gastado.
El que lo hace lo bautiza y no sorprende
esa burla y el cinismo acostumbrado
del que cree que sólo él sabe y nadie entiende
la diferencia entre un feudo y un estado

