Reflexiones peatonales

El arte revolucionario nos invita a ver las calles y conversaciones con nuevos ojos. En esta ocasión, un peatón queda intrigado con la expresión que escuchó en una esquina.

“Esos diputados y senadores no sirven para nada… viven vendiéndose”, se oyó en la calle. ¿Cómo analizar esta frase desde la teoría del valor de Marx? Leamos a Borametz…

 

REFLEXIONES PEATONALES SOBRE SENADORES Y DIPUTADOS

 

El otro día me encontraba caminando por la calle. Al llegar a una esquina en que el semáforo estaba en rojo, no pude evitar escuchar un fragmento de la acalorada conversación que se desarrollaba en una “guagua” -acalorada por el  tono en que se llevaba a cabo y por lo sudados que se  veían los pasajeros.

 

“Esos diputados y senadores no sirven para nada… viven vendiéndose”, escuché decir a una señora quien, con una redecilla en la cabeza, mostraba una indiferencia que al parecer rozaba la amargura y la resignación.

 

La frase me llamó mucho la atención, así que me dispuse a analizarla. En aquel momento me encontraba cursando la materia de introducción a la economía y justo estábamos hablando de la teoría del valor; la señora había hecho dos afirmaciones acerca de los senadores y diputados, que “no sirven” y que “viven vendiéndose”. Si partimos de la teoría del valor de Marx y damos por verdadera ambas afirmaciones, la reflexión se torna problemática.

 

Según Marx, para una mercancía estar en la posibilidad de venderse, es decir, para entrar al jueguito de la oferta y la demanda del mercado, tiene que tener dos cualidades, por un lado, valor de uso, y para ello tiene haber sido el producto de un trabajo, y por otro lado, tener valor de cambio, es decir, suplir una necesidad, ¡servir para algo!

 


Como la señora afirmó que “esos” senadores y diputados “se venden”, vamos a dar por sentado el hecho de que tengan valor de cambio y por tanto valor de uso, que a su vez presupone un trabajo — no dudamos que el tamaño que los diputados y senadores tienen hoy día, fue en gran medida gracias al efectivo trabajo de sus padres, o tíos, o abuelos, en fin… de quien los crió… a menos que, tomando en cuenta las implicaciones del comentario de la señora, éstos hayan sido a su vez diputados o senadores…

 


Ahora empezamos a pensar en la otra afirmación de la señora y aquí viene el problema, ya que recordarán que la señora había afirmado que “esos” diputados y senadores “no sirven para nada”, y si no sirven para nada no suplen ninguna necesidad, por tanto no pueden venderse… el problema era que la señora afirmaba que se vendían y no sólo eso, ya que afirmaba de forma implícita, que porque se vendían ¡no servían!

 


En aquel peatonal momento la reflexión me había tomado más de dos semáforos, sin embargo no encontraba salida a la paradoja que se me había formado, entonces, al cruzar una calle enmimismado, comencé a escrutar el cielo con la lejana esperanza una providencial respuesta, y aunque no lo crean, vi una luz… me quedé absorto un momento… pero el estruendo de varias bocinas me trajo de vuelta, ya que la luz que veía era del semáforo que les daba paso a los carros mientras yo, en medio de la calle, se los impedía.

 


Ya en la acera y reparado del susto, comencé a pensar que algo debí haber pasado por alto -además del semáforo-, repasé los detalles y creí encontrar la respuesta. Efectivamente, el trato que yo estaba dando a “esos” diputados y senadores como mercancía, era el que corresponde a los bienes, sin embargo, no todo lo que es mercancía cae dentro del renglón de bienes, ya que también están los servicios, que tienen algunas diferencias que necesariamente tenía que tomar en cuenta.

 


Los diputados y senadores son “servidores públicos”, su deber por tanto es servir, tomando esto en cuenta me pareció que era como servicios y no como bienes, como correspondía tratar a “esos” diputados y senadores. En ese momento creí que me encontraba a un paso de resolver el problema, pero como ya habrán adivinado algunas personas el asunto solamente se precipitaba a un abismo escabroso.

 


Si los diputados y senadores son servidores públicos, deben pues servir, sin embargo recuerden que la señora había afirmado claramente que “esos” diputados y senadores “no sirven para nada”, por tanto, si los diputados y senadores sirven, y “esos” los diputados y senadores no sirven, la conclusión necesaria era que algunos diputados ¡no son diputados! y que algunos senadores ¡no son senadores!…

 


Inocente y alegre dejé que mis razonamientos se apresuraran. Pero lo que en principio parecía simplemente contradecir la teoría del valor de Marx, terminó siendo una catastrófica contradicción lógica. Algo estaba fuera de lugar: Marx, la señora de la redecilla o “esos” diputados y senadores. La “guagua” se perdía en el tapón de las cinco, y yo seguía caminando…

 


Por Borametz.

4 Respuestas a “Reflexiones peatonales

  1. wao!! 1 gran analisis.
    tengo unas cuantas interrogantes que me gustaria que borametz me ayude. escribeme.

  2. Borametz! Me gustaría leer más cosas de esas reflexiones callejeras. Tienes algo más publicado en este blog?

  3. Berenice Pacheco S.

    Genial Genial!!! Felicidades Borametz por siempre hacernos reir y reflexionar. !Excelente combinación!

  4. ¡Borametz es un genio!

    Indudablemente lo que está fuera de lugar no es ni la señora de la redecilla ni Marx, lo que está fuera de lugar son esos “servidores públicos” que no sirven porque benefician a sus propios intereses privados y perjudican a los intereses públicos del pueblo.

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