Haití: un país intervenido, permanece vivo ideales de Libertad

Muy poco se ha dejado ver el significativo, solidario y organizado esfuerzo que realiza día a día el pueblo haitiano con  su gente. Lo que sí sale en la prensa “como caño de agua” es la venta de un Haití caóticamente moribundo.

Por tanto, resulta una responsabilidad humana alejar esta imagen y sacar a la luz pública que, Haití sigue levantándose. Muestra de ello es  la reciente movilización que está gestando el pueblo haitiano ante  su descontento con los resultados electorales arrojados el pasado 29 de noviembre, con el entendimiento de que se ha efectuado fraude.

Como respuesta, la Organización de Estados Americanos OEA, ha expresado que “irregularidades en elecciones de Haití no invalidan el proceso”. (Más en http://www.latercera.com)

Sin embargo, un candidato que no sea (re)conocido por el pueblo; ni su presencia ni potencial liderazgo tiene sentido. Lo que está sucediendo nos invita a leer entre líneas que por más que quieran pintar de ignorante a los pueblos, por más que se le degrade su dignidad, es inevitable ver que el pueblo se levante y cree las condiciones para exigir la vida que merece. La historiesencia de pueblos en solidaria libertad permanece viva en la rebelión ante las injusticias.

Como referencia, les dejamos con un artículo publicado en Rebelión.org, que trata sobre las elecciones generales en haití.

Elecciones fraudulentas
Haiti: la historia interminable
En estos momentos, se está viviendo lo que podría ser un inicio de golpe de Estado en Haití.Hoy mismo, horas antes del momento previsto para el cierre de los colegios electorales –las 4:00 de la tarde hora de Haití–, catorce de los diecinueve candidatos participantes en la elección a presidente de la República han hecho público un comunicado en el que pedían la anulación pura y simple de las elecciones. Insisto, horas antes de verificarse los votos expresados en cada urna.

Entre los firmantes del comunicado destacan la señora Mirlande Manigat y Michel Martelly, dos de los cinco primeros clasificados en la reciente encuesta electoral elaborada por la empresa BRIDES y publicado el pasado 24 de noviembre, lo cual otorga un peso mayor al documento.

Al mismo tiempo, los firmantes del comunicado pedían a sus interventores y partidarios que abandonaran los colegios electorales donde habían permanecido fiscalizando las operaciones durante toda la jornada, junto a interventores de los demás partidos. El abandono de los colegios debía realizarse inmediatamente, según las consignas dadas, y en todo caso antes de proceder a la apertura de las urnas y el conteo de los votos depositados. Es evidente que con esta decisión se pretende dejar la puerta abierta a una descalificación de la votación.

Las razones invocadas son las supuestas irregularidades que los interventores de los propios partidos denunciantes aseguran haber registrado, y que han transmitido a sus respectivos cuarteles generales, y que según los mismos beneficiaban en exclusiva, sobre todo en lo que se refiere a la elección presidencial, al candidato Jude Célestin, ex ministro de equipamientos y persona cercana al actual presidente René Preval. Según estas denuncias, el partido de Célestin, Unité, sería el gran beneficiado de las irregularidades en la votación para el Senado y la Cámara de Diputados, que se celebra simultáneamente.

Estas consignas han ido acompañadas de la organización de manifestaciones en los barrios céntricos de Puerto Príncipe, Pétionville y otros lugares de la capital, con la consiguiente perturbación general de las comunicaciones. Previamente, se habían registrado algunos incidentes en varias localidades, en particular en Artibonite, lugar particularmente sensible por ser el lugar donde se detectó el primer foco de cólera.

La presencia de más de 5.000 mil observadores independientes, nacionales e internacionales, implica la posibilidad de realizar una valoración de la jornada electoral aproximadamente objetiva, y podría aportar una visión más equilibrada de las supuestas irregularidades registradas. El Comunicado de los 14 tiene sin duda por objeto, entre otros, contrarrestar este elemento fiscalizador, por cuanto las barricadas que simultáneamente a la denuncia se han erigido han hecho que las principales organizaciones internacionales de observación electoral diesen la orden a sus observadores de volver a sus bases incluso antes de terminar su tarea, ante la posibilidad de no poder hacerlo más tarde o bien de sufrir violencias.

Al pretender impedir que los observadores tanto nacionales como extranjeros terminaran su tarea de observación, precisamente en su fase más delicada que es la de conteo y tabulación de resultados y redacción de actas, tareas que se realizan públicamente y que constituyen un elemento de juicio importante a la hora de valorar la legitimidad de la votación, se pretende obviamente neutralizar un elemento que podría matizar o incluso invalidar los argumentos de manipulación vertidos en el Manifiesto de los 14.

Asegurarse de que Jude Célestin no accede a la Presidencia de la República tiene el valor de conjurar el fantasma de un posible regreso de Jean-Baptiste Aristide, presidente electo mayoritariamente por segunda vez en 2000 y víctima de un golpe de Estado y posterior secuestro por fuerzas especiales estadounidenses, según testimonios irrebatibles, en 2004. Su regreso al país, rigurosamente prohibido por los mismos que lo expulsaron, es un riesgo que la burguesía haitiana y la “comunidad internacional” desean evitar a toda costa.

Aunque este asunto no ha sido suscitado por el candidato Célestin durante su campaña electoral tampoco sería descartable alguna medida de repatriación de Aristide, actualmente exilado en África del Sur.

En las próximas 24 horas se conocerá el resultado de la situación: si se reconoce o no el resultado de las urnas. Y será sin duda un acuerdo “de Estado”, constitucional o no, cocinado por Bill Clinton, virrey efectivo de Haití; Edmond Mullet, jefe de la Misión de la ONU para la Estabilización de Haití (Minustah); Colin Calberson, secretario adjunto del CARICOM y jefe de la Misión de Observación de la Organización de Estados Americanos (OEA) y otros agentes de la llamada “comunidad internacional”, una vez más a espaldas y sin la participación del pueblo haitiano.

 

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