Patrice Lumumba: medio siglo del asesinato de un héroe africano

Patrice Lumumba era la esperanza del Congo recién independizado de Bélgica, pero fue sacrificado por sus ideas.

Lumumba tendría 85 años. Pero este lunes, hace 50 años, agentes de los servicios secretos belgas y de la CIA introdujeron su cuerpo en un barril de ácido y lo hicieron desaparecer.  Congo pudo haber ido hacia una democracia y, por el contrario, fue hacia una de las peores dictaduras africanas del siglo XX.

Tenían miedo de que sus tendencias revolucionarias, que tanto ayudaron a liberar a su país del yugo belga y de una de las colonizaciones más criminales de la historia, hicieran que el nuevo Congo cayera en la órbita soviética.

El 30 de junio de 1960, en el Palacio de la Nación de Leopoldville -actual Kinshasa- el rey belga Balduino I anunció el fin de la colonización. Nacía la República Democrática del Congo, tercer  Estado africano por superficie y una de las mayores potencias del mundo por recursos naturales. Balduino alaba incluso la obra colonizadora de Leopoldo II, el rey belga que masacró a los congoleños.

Lumumba, recién nombrado primer ministro, toma la palabra y carga duramente contra la colonización. Una afrenta al rey belga y el nacimiento de un héroe nacional. Lumumba, un africanista que creía en la unidad continental, comienza a mover sus bazas políticas para fomentar manifestaciones y problemas a los agentes del colonialismo belga desde 1958.

Bélgica, incapaz de controlar un territorio tan inmenso, acepta dar la independencia al Congo a principios de 1960. Las primeras elecciones democráticas no dejan un ganador claro y los líderes de los dos principales partidos, Joseph Kasavubu y Patrice Lumumba, son nombrados jefe de la República y primer ministro, respectivamente.

Pero Bélgica pone palos en las ruedas. Meses después, apoya la secesión de la región de Katanga, la más rica en recursos naturales. Lumumba pide ayuda a Naciones Unidas, que envía tropas pero para provocar un alto el fuego que dejaría a Katanga independiente.

La ‘encerrona’

Lumumba mira entonces a la Unión Soviética. Los rusos prometen ayuda, y Occidente no tarda en preparar la caída del primer ministro y Kasavubu lo destituye.

En la anarquía, aparece Joseph-Désiré Mobutu, un joven oficial del Ejército, que da un golpe con apoyo de la CIA y se hace con el poder. El 27 de noviembre, Lumumba huye hacia Stanleyville, pero es capturado por hombres de Mobutu y encerrado en una base militar.

El 17 de enero de 1961 es asesinado junto a dos de sus ministros. Bélgica niega su participación pero ésta es más que evidente. En el 2001, el Parlamento belga reconoció su “responsabilidad moral” en la muerte de Lumumba y confirmó la participación de la CIA, tras una investigación de la que no se dieron más detalles. Los tres hombres fueron golpeados, ejecutados ante oficiales belgas y sus cuerpos disueltos en barriles de ácido.

Su figura se convierte en el mito del tercermundismo, una suerte de Che Guevara para los africanos. Grupos de liberación en varios países africanos se autodenominan sus herederos y la Unión Soviética bautiza con su nombre la universidad que debe acoger a los estudiantes de los países amigos.

Sus asesinos nunca fueron castigados. En el 2011, en Bruselas, responsable de su muerte, no hay siquiera una calle con su nombre. Sí hay, en cambio, en una de las principales vías, una majestuosa estatua ecuestre del rey Leopoldo II, el carnicero que mató a millones de congoleños.

Idafe Martín Pérez
Para EL TIEMPO
Bruselas

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