Claves que nos enseña el Ché

Esta es la segunda de una serie de tres reflexiones sobre el Dr. Ernesto Guevara de la Serna, el Che, con motivo al 44 aniversario de su caída en combate en la selva boliviana.

Ingrid Luciano Sánchez, Justicia Global

Como decía el compañero Tim Shenk en su artículo, el Ché además de guerrillero, era un pensador. Como muestra… un botón. Comparto cuatro claves que nos enseña aún hoy día, partiendo de su texto “Lo que debe ser un joven comunista”. Fue una conferencia que dictó para la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de Cuba, en el 2do. Aniversario de su formación, el 20 de octubre de 1962. ¡Pero, atención! Lo interesante es lo frescas y necesarias que son sus ideas hoy.

Clave 1: La organización es necesaria

Seguramente habrán leído, visto, escuchado ideas de mucha difusión hoy día que plantean que los movimientos se dan de manera “espontánea” y que con simples “impulsos” vía redes sociales, ya se va a hacer la revolución. Incluso, las revoluciones de la “primavera árabe”, nos querían decir los medios de desinformación que fueron convocadas por internet. Nada más absurdo. Todo proceso de movilización, para que pueda ser exitoso y sostenible, requiere de organizaciones que le den continuidad y constancia al accionar; que desarrollen los liderazgos que puedan canalizar y agrupar las energías e ideas de las grandes masas. Así lo planteó el Ché: “La organización es la clave que permite atenazar las iniciativas que surgen”.


Clave 2: Llamado a la creatividad permanente

Criticaba el Ché a la UJC de aquel entonces, por su excesiva tendencia a copiar y calcar de los más viejos. Les decía:

 “La juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una anomalía realmente”.

¡Cuán fresca es esta idea aún hoy!… Hoy que desde el primer día, las escuelas nos enseñan a memorizar, embotellar, copiar y mecanizarnos. Hoy que a través de la publicidad nos enseñan a vestirnos, movernos, peinarnos y hablar igual. Y, ¿por qué no?.. Hoy que muchas organizaciones llamadas revolucionarias aún mantienen un modelo adultocéntrico, donde las personas adultas piensan y mandan y se espera que la juventud sólo ejecute y copie.

Clave 3: Internacionalismo

El Ché era un auténtico internacionalista. Siendo argentino de nacimiento, fue uno de los principales líderes de la revolución cubana, peleó junto a otros internacionalistas en el Congo y murió finalmente en la selva boliviana, combatiendo hasta el final. Es este un llamado que también hace el Ché a las juventudes:

“El Joven Comunista no puede estar limitado por las fronteras de un territorio. El Joven Comunista debe practicar el internacionalismo proletario y sentirlo como cosa propia”.

Y es que los dueños del mundo sí están organizados a nivel internacional (ejemplos tenemos en el Foro Económico Mundial, la OMC, el FMI, el BM, etc!). Sin embargo, muchas personas piensan que podemos transformar la República Dominicana –por ejemplo- ignorando nuestro país vecino Haití o nuestros hermanos pueblos del Caribe, América Latina y el Mundo. Lamentablemente el discurso nacionalista está muy metido en muchas organizaciones llamadas revolucionarias y muchas agrupaciones sociales de hoy día. Recordemos el llamado del Ché: la lucha es una a nivel internacional.

Clave 4: No callar. Crítica y autocrítica permanente

La misma conferencia del Ché a la cual hago referencia en este artículo, es una constante crítica no sólo a la UJC, sino también al Partido Comunista Cubano. Es un gran ejemplo que podemos seguir de él. Plantea que la juventud nunca ha de perder:

“Su espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quien lo haya dicho. Plantearse todo lo que no se entienda, discutir y pedir aclaración de lo que no esté claro, declararle la guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismos”

Y una de las críticas que hacía del partido y las organizaciones de la revolución cubana era su sectarismo. Decía:

“Estamos todos convalecientes de ese mal llamado sectarismo. ¿Y a qué condujo el sectarismo? Condujo a la copia mecánica: condujo a los análisis formales; condujo a la separación entre la dirigencia y las masas…”

Este planteamiento es aún hoy vigente en muchas organizaciones llamadas revolucionarias, que han desarrollado tal rigidez en su análisis y accionar que no se conectan con el sentir de la gente. Pero además de esto, el espíritu mismo del Ché nos recuerda a –como él lo hizo en aquel entonces- siempre decir lo que pensamos. Partir de la autocrítica y la crítica permanente, no sólo del imperialismo y sus representantes, sino también de aquellos y aquellas que se profesan “revolucionarios”.

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